Quizás sea un ‘lugar común’ decir que vivimos tiempos extraños; todo va demasiado rápido. Naces e inmediatamente tienes que formar parte del mundo; parte de esta sociedad que espera mucho de ti; que te conviertas en una persona productiva, responsable y de bien.

Tienes que formarte, tienes que ver mundo, tienes que ser competitivo, tienes que… tienes que…

El ritmo es trepidante y, a veces, uno se pregunta: ¿Cuál es el objetivo? ¿A dónde va todo esto?

Cuando estudiaba periodismo en la universidad, un compañero me dijo: “No sé cuál es el fin de todo esto; el sentido de la vida”. Yo le contesté: “Vivirla”.

Yo creo fervientemente en la libertad. En que todos, dentro de mayores o menores limitaciones, tenemos la potestad de elegir qué camino queremos seguir.

A veces lo rápido que va todo me despista, pero entonces me planteo que lo importante es hacerlo lo mejor que pueda, siempre, para, sea cual sea el resultado, tener la tranquilidad de que hice cuanto pude. El resto, supongo, es cuestión de fe y de paciencia.

Sigo creyendo que el sentido de la vida es vivirla; que nos lleve donde nos tenga que llevar. Aunque sea a trompicones.

Sigo creyendo en la libertad.

KDLevin