Una de las cosas más importantes que he aprendido en San Juan es el valor de la verdad.

Yo pensaba que en este mundo sólo salía adelante el que aprende a mentir bien; a camuflarse según la ocasión lo requiere.

Pero ahora lo que siento es que el reto de la vida es tener el coraje de ser lo que uno es, tal cual. Sin mentiras ni verdades a medias.

La verdad es dura; es brusca. Tiene en común con nosotros lo salvaje y primitivo de nuestro ser. Pero cómo reconforta saber que el suelo que se pisa es sólido.

La verdad a veces me hace llorar; me da miedo; busco maneras de evitarla. Pero al final es lo único que tengo.

La única luz que ilumina este camino bajo mis pies que no sé dónde va.

Estoy cansado de las mentiras. En realidad nunca han hecho nada por mí, y yo nunca fui un buen mentiroso.

Supongo que porque dentro de mí siempre existió esa necesidad de ser quien soy, con todos mis negros, mis blancos y mis grises.

No hay más. Y eso es todo. Y es mucho, según como quiera uno mirarlo.

Esto es de lo más importante y valioso que he aprendido en San Juan.

Espero ser lo suficientemente listo como para que la memoria no me falle.

KDLevin