Señor, no dejo de pensar en esos ojos verdes;

desde que los viera esta mañana,

siento en mi lengua el sabor salado del mar…

y en él me hundo.

 

Señor, no dejo de sentir desde mis entrañas

la respuesta caníbal

al llamado de su carne

invitando a mis dientes a hincarse en ella.

 

Y penetrarla… y saborearla…

y deleitarme en mi locura,

sin pensamientos coherentes,

sólo miradas perdidas.

 

Señor, protégeme de ese impulso de perdición;

del ansia de sentir su sangre caliente en sus venas,

agitadas por mí, alteradas por mí.

Devoradas por mí.

 

Señor, ten piedad de este corazón débil;

Ayúdame a olvidar esos ojos verdes.

Ayúdame a olvidar el sabor del mar.

Ayúdame a olvidar.

 

KDLevin