En el proceso de aprender a volar uno también aprende a ir ligero de equipaje; a ir quitándose peso de las espaldas para poder respirar mejor.

Uno se da cuenta de que uno es más fuerte de lo que cree, pero también de que hay que ser práctico. Porque hay tantas cosas que no valen la pena y tan pocas que sí. Porque hay tantas amarguras que uno puede ahorrarse, y limitarse a disfrutar de un rato sentado bajo el sol.

Y uno aprende, como diría aquel poeta, que es decisión de uno dejarse llenar de rencor. Y que también es decisión de uno simplemente disfrutar de lo que se pueda.

Y no hay más.

KDLevin