Afortunado

He visto al diablo varias veces. No me ha hecho falta organizar un aquelarre. No me ha hecho falta profanar ni sacrificar nada. No me ha hecho falta desnudarme ante el fuego.

No vino él a mí, nunca, sino todo lo contrario. Lo vi porque en más de una ocasión me expuse a él, como una polilla que se acerca a la luz de una lámpara.

En realidad no lo vi, pero sé que fue él quien me habló.

  • Niño – me dijo – puedes seguirme, pero tendrá un precio.

Aquélla fue la primera vez. No lo entendí.

  • No es un juego – insistió después – tendrá un precio.

 


 

No sé por qué, pero, pese a todas las veces que me he acercado a él, siempre he podido retroceder a tiempo. “Todo tiene un precio”, me repite, y creo haber comprendido a qué se refiere. 

Cada día me enfrento a esa tesitura; seguirle, que es lo más fácil, o no. No siempre es sencillo elegir bien, lo que pasa es que hay precios que no sé si podría pagar, y es esa duda en sí misma la que al final aclara la situación por mí.

Hoy doy gracias por no haberme quedado atrapado; por haber podido salir siempre, pese a haber reincididido repetidamente.
Doy gracias porque soy afortunado.

KDLevin

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