Y Dios dijo que podíamos comer carne, pero sin sangre; carne sin vida. Pero de qué me sirven a mí el polvo y la ceniza, cuando lo que deseo es el calor que emana de la piel y el eco de los latidos.

Quiero seguir su dictamen, pero me empeño en quedarme en tierra, aun habiendo espacio en el arca de Noé. Dudo tomar la mano del ángel que quiere sacarme de Sodoma, antes de arrasarla.

Soy mi peor enemigo. O quizás ése que una vez cayó del cielo tenga sus dos manos puestas en mí; una en mi pecho, otra entre mis piernas.

Qué difícil… con esta carne que se subleva.

Ojalá el Altísimo no me juzgue y sepa perdonarme.

KDLevin