A un hijo

Siembra flores en el corazón de tu hijo,
para que con ellas adorne tu cabeza cuando abandones tu cuerpo.

Ámalo en su lozanía, en su sonrisa sincera y en el milagro de su ternura.
Ama el primer vello que nazca en su pecho.

Ámalo en sus defectos, para tenderle un camino hacia la redención.
Ama su rebeldía, su locura.

Ámalo cuando lo odies,
cuando quisieras quitarle la vida que le diste.

Ámalo con pasión, con sosiego, para siempre.
Y que él lo sienta. Y que él lo sepa.

Que él vea en ti un reflejo de Dios en la tierra y quiera amarte como tal,
venerarte cada día.

Ámalo de tal forma que, cuando su piel se agriete,
sus nietos sepan quién fuiste tú y cuán importante fuiste.

Que el amor se transmita de generación en generación.
El trabajo empieza en ti.

Ámalo ahora también,
pese a que aún no exista el cuerpo que alojará su espíritu.

KDLevin

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