Finjamos durante un momento que no nos aterra el futuro;
que no nos inquieta no saber si habrá dinero,
si habrá empleo,
si cumpliremos objetivos…
si estaremos bien.

Imaginemos que no existe más que este instante y visualicémonos,
recostados en la colina,
observando la ciudad bajo el ocaso.

Sintamos la eternidad,
la unión de nuestros corazones por siempre,
sin angustias,
sin nada salvo esa vista y nosotros.

Todos tenemos derecho a soñar.
Hacerlo sigue siendo gratis.

KDLevin