Nadie nos dijo que dejarlo fuera fácil. Nadie me dijo que la realidad fuese algo bonito a lo que volver. Cuesta.

Ya no es como cuando nos reuníamos formando un círculo, dándonos las manos, como en una sesión espiritista. Invocábamos la fuerza de voluntad: “Por favor, Señor, ayúdanos“.

Nadie me dijo que el espejo me daría una visión agradable de mí mismo, sobrio. Adiós al cuerpo de atleta. Adiós a la cara de niño guapo. Duele.

Nadie dijo que no querría uno, cada cinco segundos, escapar. Volver a revolcarse en la mierda, junto a los cerdos. Tienta tanto…

Camino por la calle, pensando: “Seguro que ése es un pervertido… ésa debe de ser una víbora“. Busco en los demás mi propia porquería. Soy patético.

Supongo que lo que intento es no sentirme tan solo en esto.

Tengo que superarlo.

KDLevin