Seguir creciendo

Llamé Crecer al primer post que publiqué en este blog, donde ha habido más interrogantes que respuestas, porque, como ya confesé en Sócrates, lo cierto es que no tengo ni idea de nada.

Ahora titulo Seguir creciendo a éste, el último post que publicaré en un tiempo.Sospecho que me acerco a una frontera, la de los 26, en la que me va a tocar hacer un transbordo. Necesito prepararme para ello, y me he prometido a mí mismo no volver a escribir en este blog hasta que ya esté sentado y tranquilo en el próximo tren.

Hasta entonces, sólo puedo decir: gracias y hasta luego. Ojala nos vaya bien a todos.

KDLevin

#101

La presente es mi entrada #101…
Ha transcurrido ya medio año desde que empecé este blog y no deja de sorprenderme la cantidad de cosas que ocurren en tan sólo 6 meses.

En estos 101 textos he compartido cosas que pienso, siento e imagino, y poco a poco fui notando que hay personas que las leen, las comentan, les gustan e, incluso, dan premios al autor.

Dedico este post, por tanto, a vosotros. A los que me habéis leído y seguido.
No todo lo que hay en Internet es loable, pero creo que nosotros contribuímos a enriquecerlo con elementos de valor: nuestros blogs.

Mención especial a Ana, del blog Versos en tu piel, y a Marcial, que a lo largo del mes de mayo siguieron dándome premios y yo, por cuestión de tiempo, no he podido agradecérselo sino ahora.

Un saludo a todos. Nos ‘veremos’ en la realidad virtual.

KDLevin

verano y humo

Llega junio, se acerca el verano y yo tengo una sensación extraña.

Son ya muchos años sin saber qué hacer con este fuego interno que no hace más que avivarse. Y sigo sin saber.

Después de tantos Buchanans, que ya apenas se acordarán de mí, me niego a acabar como Alma.

Necesito pensar y sacar conclusiones. Tomar decisiones. Ya.
Porque se acerca el verano y tengo una sensación extraña: que el humo me asfixia.

Y Dios sabe que no quiero morir de deseo.

KDLevin

La noche será larga

Tiene todo el pisito para él solo, pero a nadie a quien invitar. Baja a la tienda de la esquina y se compra un litro de cerveza… o puede que dos; la noche será larga.

A las 22h. pone una película y se sirve el primer vaso. No sabe por qué, pero, al final, se le escapan las lágrimas. La película no es tan triste, pero él aprovecha para llorar.

La noche es cálida y a la 1h. sale a la terraza. No ha dejado de beber. Escucha sonidos de fiesta, provenientes de algún piso cercano, así como los ruidos de la calle.

Piensa en Lana del Rey: “I feel so alone on a Friday night…“. Vuelve adentro y pone otra película, aunque esta vez apenas la mira.

Empieza a pensar en voz alta, aunque el discurso es algo torpe e incoherente.

No importa. Al día siguiente no tendrá que madrugar. Y el lunes volverá a sumergirse en ese trabajo, que es el epicentro de su existencia.

El fin de semana pasa rápido. Un mero trámite. Ojala pudiese ir a trabajar cada día. Y no tener tiempo para pensar.

Y que no existiesen los viernes por la noche ni los sábados ni los domingos.

Ni tampoco la soledad.

KDLevin

No puedo buscar el amor

Cuando tenía 14 años creí estar enamorado, pero no era real. El sentimiento era tan intenso que consumía mis energías, por dentro. Pero no era amor.

Me ha ocurrido alguna vez más desde entonces, y he llegado a una conclusión: estoy enamorado del amor.

Amo lo que para mí significa el amor. Un sueño. Una fantasía. Algo que se ve en una película, pero que no ocurre en la vida.

He buscado ese amor por medio de lo irreal y he creído verlo en muchos. Pero me he dado cuenta de otra cosa, con el tiempo: no puedo buscar el amor, ni en lo cierto ni en lo incierto. Él llegará a mí, si tengo esa suerte.

He de suponer que, con tanto cavilar sobre el amor, soy un romántico. Sin embargo, lo que amo no son los grandes gestos, sino los pequeños detalles de cada día. Lo que tiene que ser contar con alguien que camina en paralelo a ti.

Bienaventurados los que lo han encontrado. Yo… tal vez, algún día.

KDLevin

Reinventarse o morir

Adaptarse o morir.
Reinventarse, para sobrevivir.
Ya lo planteó Darwin.
Luchemos, pues, por cambiar la piel, como las serpientes.
Los colores, cual camaleones.
Y lo que haga falta, con tal de seguir en la vida.

Un día llegará mi momento de plantarme
y abandonar la partida,
pero todavía no.
Quiero vivir, quiero ser parte, quiero aportar,
pero para ello tengo que esforzarme y luchar,
cada día.

Reinventarse o morir.
Adaptarse y vivir.
Ya lo expresó Darwin,
y yo lo creo así.

KDLevin

Juventud, divino tesoro

*Mención especial al espíritu de Rubén Darío, de quien tomo prestados sus famosos versos, modificándolos para la presente entrada. 

Juventud, divino tesoro,
te irás para no volver.
Cuando quieres llorar, no lloras,
pero ya llorarás, sin querer…

Evoco a ese muchacho que vi hoy: lozano, guapo, de piel tersa, lleno de energía. No piensa en la vejez. No piensa en la muerte.

No piensa que un día esa piel se arrugará, ese cerebro ya no trabajará a la misma velocidad y ese pene del que probablemente se enorgullece ya no experimentará la erección.

Él, que quizás está coronando la ola y se tendrá por el tipo más guay de su universo, no piensa que el fracaso está a la misma distancia que la victoria.

Ni él ni yo ni nadie, en realidad. Somos algo cortos de miras a nuestra edad, pese a que más tarde lleguen las lamentaciones.

He aprendido que la juventud no es material para quemar en vano, y así acabar figurando en ‘el club de los 27’. No: es el terreno de cultivo de lo que será la vida más adelante.

No sé… ojala todos naciésemos sabiendo ya ciertas cosas. Se ahorraría uno algunos problemas.
Muchacho, disfrútalo, pero con precaución.

Juventud, divino tesoro,
te irás para no volver.
Hoy no quiero llorar y no lloro…
y aspiro a no hacerlo en mi vejez.

KDLevin