Detrás de las canchas*

*Parte de la inspiración para este texto la he obtenido del relato de Ray Bradbury, The Better Part of Wisdom. Se lo dedico al señor Bradbury, que en paz descanse. Gracias por alimentar mi mente y mi espíritu con tus bellísimas historias.


 

Hoy recuerdo aquellos días como si flotasen en medio de un halo especial. Teníamos 15 años y las hormonas habían tomado el control de nuestros actos. No nos importaba la apariencia o lo que pensasen los demás. La higiene era la justa, los vaqueros, siempre rotos, y las camisetas, anchas y talla XXL.
Hacía un año que me había cambiado de instituto y que te había conocido. Desde el principio nos habíamos llevado bien y, de hecho, fuiste tú el que me convenció para entrar en el equipo de baloncesto.
Pronto nos hicimos buenos amigos y, una tarde, después de un partido, nos quedamos un rato en el parque, detrás de las canchas. Lo que no recuerdo es cuándo ni quién cogió a quién de la mano por primera vez.
Pero empezamos a hacerlo, estando solos los dos, sin darle mayor importancia. Era normal que dos amigos se cogieran así de la mano, o que se acariciasen el cabello, ¿no? Aun así, como si de un pacto tácito y no hablado se tratase, éramos mucho más discretos en público.

Un día supe que a una chica de clase le gustabas y sentí un dolor punzante dentro de mí. Descubrí lo que eran los celos. Esa tarde me preguntaste, sonriendo, que qué me ocurría. “Nada… nada…“, te contesté.
Así transcurrieron algunos días, hasta que no aguanté más y rompí a llorar. “No sé qué me pasa“, te dije. Tú sonreíste y me abrazaste. Por supuesto, sabíamos perfectamente lo que me pasaba.
A la vuelta de ese verano me contaste que te habías echado una novia en la playa y que habías perdido la virginidad con ella. A partir de ese momento ya nada volvió a ser igual. Empezamos a pasar cada vez menos tiempo juntos y ya no nos cogíamos de la mano.

Han pasado ya algunos años y, aunque parezca increíble en los tiempos que corren, acabo de independizarme y de mudarme a un piso pequeño con mi chica. Parece que con ésta la cosa va en serio. Es buena… y muy guapa. Demasiado para mí. Sin embargo, anoche -la primera que pasamos en el nuevo piso- al quedarnos dormidos después del sexo, volví a ver en mi sueño aquel parque, detrás de las canchas; volví a sentir el calor de tu mano en la mía.
Tú y yo sabíamos lo que me pasaba, joder. No hizo falta hablarlo…
Y tampoco haría falta decir ahora que desperté de aquel sueño con ganas de ponerme a gritar.
No haría falta confesar que quizás nunca vuelva a sentir nada parecido;
que sé que probablemente nunca podré superarlo.
Pero así son las cosas, ¿sabes? Para qué decir más.

KDLevin

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