Cuántas veces me pregunté qué me habrías dicho en terapia.
Qué habrías interpretado de mis sueños pornográficos; de los homicidas; de mis perversiones fálico-anales; del conflicto entre el Súper-ego y el Id.
Cómo hubieras catalogado la oscuridad de mi mente: “¡Histérico!”
Te habrías reído de mí.

¿Me dirías ahora que por fin estoy madurando?
¿Que estoy empleando bien mis recursos, por primera vez?

Nunca lo sabré. Pero hoy, 160 años después de que vinieses al mundo, me divierto al imaginar que me despacharías a lo Jefferson Airplane: “Pregúntaselo a Alicia… ella sabrá”.

KDLevin