Cuán frecuentemente se me olvida que vivir es como jugar al ajedrez.
A un lado del tablero estás tú; al otro, aquello que algunos llaman Dios o, simplemente, la vida.
El contrincante mueve ficha y uno ha de responder con una jugada lo más inteligente posible.
La cuestión es que ese contrincante siempre va a ganar. Se sabe desde antes de iniciar la contienda.
Por eso no vale la pena desesperar, darle un manotazo al tablero o despotricar. Nada de eso cambiará el hecho de que acabarás perdiendo.
Hay que intentar jugar con ingenio, divertirse y hacerlo ‘bonito’ hasta el final. Ésa es la clave.
Es sencillo, pero, joder, qué fácil es olvidarlo y complicar las cosas.

KDLevin