La tercera opción

Invoco al fin del tiempo, para que la vida continúe, pero como suspendida en un momento que no tenga fin.

Para vivir entre los brazos de Vronsky. En su olor. En el vello de su pecho. En su sonrisa. En su seguridad de joven que me sabe en sus manos; que se sabe entre mis piernas cuando quiere.

Invoco al fin del tiempo: que no suenen nunca más las campanas de las iglesias.

Que no tenga que elegir. Que pueda tenerlo todo: Vronsky, mi marido, mi hijo, mi estatus social. ¿Acaso es un pecado tan mortal el divertirse… el ser feliz?

Que no cuchicheen sobre mí las mujeres, sólo porque envidien que el muchacho entre y salga de mí a su antojo; sólo porque muchas desconozcan el éxtasis.

Que no susurren sobre mí los hombres, sólo porque quisieran ser ellos los que explorasen el epicentro de mis caderas

Soy una descastada, dicen todos. Una ramera. Todo por haberme desviado de ese camino pulcro que me correspondía seguir.

Tal vez, de ser hombre, habría sido distinto, pero en esta sociedad las mujeres tenemos sólo dos opciones. Y yo ya estoy harta.

Voy camino de la estación de tren. Añadiré una tercera opción a la lista…

KDLevin

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