Tiene todo el pisito para él solo, pero a nadie a quien invitar. Baja a la tienda de la esquina y se compra un litro de cerveza… o puede que dos; la noche será larga.

A las 22h. pone una película y se sirve el primer vaso. No sabe por qué, pero, al final, se le escapan las lágrimas. La película no es tan triste, pero él aprovecha para llorar.

La noche es cálida y a la 1h. sale a la terraza. No ha dejado de beber. Escucha sonidos de fiesta, provenientes de algún piso cercano, así como los ruidos de la calle.

Piensa en Lana del Rey: “I feel so alone on a Friday night…“. Vuelve adentro y pone otra película, aunque esta vez apenas la mira.

Empieza a pensar en voz alta, aunque el discurso es algo torpe e incoherente.

No importa. Al día siguiente no tendrá que madrugar. Y el lunes volverá a sumergirse en ese trabajo, que es el epicentro de su existencia.

El fin de semana pasa rápido. Un mero trámite. Ojala pudiese ir a trabajar cada día. Y no tener tiempo para pensar.

Y que no existiesen los viernes por la noche ni los sábados ni los domingos.

Ni tampoco la soledad.

KDLevin