¿Podría yo clamar a ti, desde este lugar ajeno al sol?
¿Podrías tú mirar mi cara sucia, mis manos negras y mis rodillas magulladas?
¿No me darías la espalda, si no me la has dado ya?
¿Podrías ofrecerme tu mano, desde el otro confín del universo?
Desde allá, donde, junto a ti, habitan los puros y los rectos.

A mí, que hice de mi lengua una serpiente ondulante,
para recibir en ella la ardiente descarga de tu hijo descarriado.
A mí, que blasfemé, bailando en torno a él,
desnudo, con los ojos desorbitados; obsceno, trastornado.
A mí, que he escondido la maldad tras ésta, mi imagen de ángel.
A mí, que soy consciente de todo cuanto ahora expreso…
¿Podrías no abandonarme?
¿Acaso hay sitio en tu corazón para los que son como yo?
¿Para las bestias y las alimañas?

A ti, que moras allá, tan lejos de mi cloaca, te ruego:
hazme sentir que aún hay tiempo para la redención.

KDLevin