La semilla del rencor

A veces me pregunto por qué nos empeñamos en guardarnos las cosas. Precisamente, hace años escuché a alguien decir: “la mierda siempre acaba saliendo, por algún sitio“. Y es verdad.

Me cansa lo poco que le gusta a la gente, en general, el enfrentamiento. ¿No nos damos cuenta de que lo mejor es plantar cara a las situaciones y coger el toro por los cuernos cuanto antes?

No quiero hacerle daño…”

No querría perderte…”

Yo digo: “Al carajo“.

Porque, ¿sabéis? Creo que es preferible sacarlo todo y quedarse limpio, antes que guardárselo y que se vaya pudriendo dentro de uno, pues es ésa, sin duda, la semilla del rencor.

KDLevin

Volver a caminar

Desde los 12 hasta los 26 salté en todas las madrigueras de conejo que divisé, buscando el País de las Maravillas. Y no lo encontré.

Me acosté en todas las camas que hallé y me hice el dormido, esperando ser ‘despertado’ por ese beso de amor. Y nadie acudió.

Me he creído todo y no he hecho nada. He ido acumulando fracasos, como la espuma del mar que se seca sobre la arena.

No me asusta ni me avergüenza admitir que, si me miro al espejo, veo que soy el más vacío del Reino.

Pero, como diría José Hierro, “estoy aquí, me muevo. Vivo“.

A veces me pregunto cómo se puede volver a caminar después de tanto tiempo inhibido, tirado en el suelo. Y se me ocurre: “Pasito a pasito. Un pie tras otro pie“.

 

KDLevin 

Fe

Qué difícil es tener fe.
Siendo un ser humano limitado por los sentidos, qué difícil es ir a ciegas, tanteando, comprobando cada camino. Ensayo y error.
En esa oscuridad desesperamos y dejamos de oír una vocecita que viene de algún sitio en nuestro interior. Una pequeña luz.
Qué difícil es aceptar que uno no puede tener el control de todo (no puede tenerlo de casi nada) y que, por tanto, hay que dejar fluir las cosas por sí solas.
Respirar hondo, pensar: “No sé a dónde va esto, pero seguiré adelante con la mejor actitud y el resto… que evolucione como deba“. Es difícil, pero precisamente en eso consiste la fe; en soltarlo y dejarlo en manos de algo que muchos llaman (llamamos) ‘Dios’.
El resto sospecho que es cuestión de actitud. Y yo, aunque no sé nada de la vida o su propósito, he decidido seguir la regla de oro:

No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti

KDLevin

 

El gran teatro

Voy a vestirme de blanco,
para que contraste la ropa con el negro de mi alma.

Voy a perfumarme con lavanda y azucena,
para que disimule el olor a carne podrida de mi corazón.

Y, como yo, quién sabe cuántos harán lo mismo hoy… no deja de sorprenderme cuánto engañan las apariencias.

Shakespeare tenía razón, este mundo es un gran teatro.

KDLevin

Después de hacerlo

Perdona si sonrío, cuando me propones esta gimnasia imposible; estos ángulos que se salen de la escala normal.

Espero que no se rompan las tablas de la cama; espero no romperte yo a ti, aunque me lo pides.

Observo mi sudor llover sobre tu rostro, mientras me preguntas: “¿En qué piensas?“. Sí, he estado distraído.

Verbalizo una obscenidad, para no ofender tu ego. Pero en realidad pienso: “¿Qué se sentirá?“.

Cuando no se trata sólo de la carne, ¿cómo será?

Cuando esto no se convierta en el mero recuerdo de una experiencia aislada, ¿cómo será?

Cuando, de repente, le salga a uno decir “te quiero“, ¿qué se sentirá?

Acabaremos y me iré. Y ya está.

¿Qué se sentirá cuando, después de hacerlo, no regrese a uno la soledad?

KDLevin

El chico del súper

Aquella noche había tenido un sueño o, mejor dicho, una pesadilla. Se vio a sí mismo atado a una cama, muriendo poco a poco, mientras un grupo de vampiros sin rostro le absorbía la sangre. No se despertó horrorizado, sino muy triste. Casi con ganas de llorar. Sabía que aquel sueño era un mensaje de su inconsciente.

Al ponerse en pie, con un nudo en el pecho, miró la pila de manuales sobre la mesa, junto al ordenador portátil, y pensó: “Odio el puto análisis multivariante“. Con el solo el hecho de pensarlo -prácticamente un acto blasfemo- abrió una puerta que ya no se iba a cerrar jamás. Inició una estampida.

Esa misma mañana dejó el doctorado; es decir, sabía que tendría muchos trámites, reuniones y explicaciones por delante, pero ni siquiera se molestó en presentarse en la universidad. Se fue a su parque favorito, compró un café y un bocadillo, y se sentó sobre el cesped. “O sea, que esto es la vida“, pensó.

A su familia y a su círculo de amistades casi les da un infarto, cuando el doctorando de primero -¡¡¡Con tantísimas posibilidades como había tenido!!!- decidió convertirse en el simple empleado de un supermercado; estar en caja y reponer productos. ¿El peor de los pecados? Decía sentirse más feliz que nunca.

Adoraba llegar por la mañana, ponerse el uniforme, saludar a sus compañeros y atender a la gente. Adoraba su sueldo de mileurista; llegar a su piso de veinte metros cuadrados, asomarse al balconcito y fumarse un cigarrillo, observando la calle desde las alturas. Por primera vez se sentía libre.

¿Entonces, esto es ser feliz?“, pensó, esbozando una gran sonrisa. “Qué simple es, después de todo“.

KDLevin

 

Y tú, ¿Qué aportas?

Los que somos creyentes -y los que no, también- constantemente pedimos cosas a nuestro(s) Dios(es), ya sea consciente o inconscientemente:

Quiero un trabajo estable con un buen salario
Quiero una casa bonita con terraza, piscina y aire acondicionado en verano
Quiero un coche
Quiero un seguro privado

Quiero… quiero… quiero…

Si no lo conseguimos -e, incluso, consiguiéndolo- nos ofuscamos; siempre queremos más y más y más…
Nos cruzamos de brazos, ponemos morros y nos dedicamos a bombardear el ambiente con nuestras quejas:

La vida es una mierda
Puta vida, puta suerte
Qué asco de vida y de mundo

Negativo… negativo… todo negativo…

La cuestión es: y uno, ¿Qué aporta? Vivimos pidiendo y esperando que la vida nos dé las oportunidades que ansiamos, pero ¿qué aportamos nosotros en el día a día al mundo? ¿Acaso cedemos nosotros nuestro granito de arena? No lo tengo yo nada claro (y, por supuesto, me incluyo).
Creo que cada día podría uno preguntarse, ¿qué estoy aportando? ¿Qué puedo aportar? Y, tal vez, las cosas empiecen a fluirle a uno en la vida, el día en que comience uno a ver un poquito más allá de su nariz.

Pedimos y pedimos; esperamos y esperamos. Pero, mientras tanto, tú, ¿qué aportas?

KDLevin