Él lo hizo entonces, para que no lo haga yo hoy.

Sabía lo que iba a ocurrir; algo en su interior se lo decía. Y aun así aceptó los clavos, las espinas, la lanza, los insultos… los corazones rotos de quienes lo acompañaron hasta el final.

Él lo hizo entonces, para que no lo haga yo ahora.

Sentó un ejemplo de amor, de consuelo, de concordia. No dejó que nadie vejase a la mujer de vida alegre; no dio la espalda al enfermo, al desesperado, al perdido; prestó su abrazo a todo ser hambriento de cariño.

Él lo hizo entonces, para que yo aprenda hoy.

Más allá de los siglos de la historia, de las múltiples interpretaciones que se han hecho de sus palabras; más allá de la distancia, veo en mi mente una sonrisa y escucho la voz cálida: “Perdona. Perdónate“.

Yo sangré ayer, para que tú no lo hagas hoy. Yo enseñé ayer, para que tú lo asimiles hoy. Yo sufrí ayer, para que tú lo entiendas ahora. No esperes tú el clavo, la espina o la lanza; no seas el verdugo. La misericordia empieza en ti, para ti, desde ti“.

Él ha vuelto hoy a mí, para ayudarme a recordar esto.

Gracias.

KDLevin