Qué difícil es tener fe.
Siendo un ser humano limitado por los sentidos, qué difícil es ir a ciegas, tanteando, comprobando cada camino. Ensayo y error.
En esa oscuridad desesperamos y dejamos de oír una vocecita que viene de algún sitio en nuestro interior. Una pequeña luz.
Qué difícil es aceptar que uno no puede tener el control de todo (no puede tenerlo de casi nada) y que, por tanto, hay que dejar fluir las cosas por sí solas.
Respirar hondo, pensar: “No sé a dónde va esto, pero seguiré adelante con la mejor actitud y el resto… que evolucione como deba“. Es difícil, pero precisamente en eso consiste la fe; en soltarlo y dejarlo en manos de algo que muchos llaman (llamamos) ‘Dios’.
El resto sospecho que es cuestión de actitud. Y yo, aunque no sé nada de la vida o su propósito, he decidido seguir la regla de oro:

No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti

KDLevin