Desde los 12 hasta los 26 salté en todas las madrigueras de conejo que divisé, buscando el País de las Maravillas. Y no lo encontré.

Me acosté en todas las camas que hallé y me hice el dormido, esperando ser ‘despertado’ por ese beso de amor. Y nadie acudió.

Me he creído todo y no he hecho nada. He ido acumulando fracasos, como la espuma del mar que se seca sobre la arena.

No me asusta ni me avergüenza admitir que, si me miro al espejo, veo que soy el más vacío del Reino.

Pero, como diría José Hierro, “estoy aquí, me muevo. Vivo“.

A veces me pregunto cómo se puede volver a caminar después de tanto tiempo inhibido, tirado en el suelo. Y se me ocurre: “Pasito a pasito. Un pie tras otro pie“.

 

KDLevin