Qué agradable es tener un sábado libre. Bueno, lo raro es poder permitirse tener un sábado libre.
Pasar el día en bragas, din ducharme, sin sujetador, sólo con una camiseta blanca ancha de andar por casa y el pelo recogido.
Bajo las persianas para que no se cuele el calor que aún hace en septiembre, aquí en Madrid, y vuelvo a poner las series de mi niñez; Pepper Ann, La Banda del Patio
Vuelvo a sentirme como una niña, como cuando olía a lavanda fresca por casa, y mi madre me bañaba y me daba un tazón de leche fresca con cereales de chocolate, para merendar.
Cuando no sabía ni cómo se escribía ni lo que significaba mi oficio; cuando ignoraba el concepto ‘llegar a fin de mes’; cuando no conocía aún el olor a sudor de un hombre cebándose con mi cuerpo, ni nadie aún me había llamado por esa palabra de cuatro letras…

Pero, oye, no voy a ponerme triste. Hoy no. Es la primera vez en mucho tiempo que no tengo que trabajar un sábado; la primera vez en mucho tiempo que vuelvo a sentirme limpia… inocente.
Así que, señores, voy a dar buena cuenta de mi tazón de cereales con leche, a seguir viendo a TJ y a Spinelli y a echar unas gotitas de esencia de lavanda en el salón. Y, mamá, dondequiera que estés, te echo de menos. Cómo me gustaría que estuviese aquí.

KDLevin