Muchos dirían que hay una cierta brutalidad morbosa en mis actos; que algo no funciona correctamente en mi mente perversa. Pero no es así.

Hay filosofía (de tocador, como escribió Sade). Mano dura. Disciplina. Pero mucho amor. Es un código que sólo entendemos tú y yo.

Por eso una vez te hablé del beso del dragón, y te vi llegar al placer a través del camino de las espinas. Tu sexo olía a perfume.

Por eso me dejé hacer, colgado de aquellas cuerdas lúbricas; aquellas pinzas. En la dureza de tu voz había amor; en la marca que dejó la palma de tu mano en mi mejilla.

Nadie lo entiende, pero es una conexión intelectual.

Un día quizás juegue a no decir la palabra. Y no pararás, así son las reglas. Entonces moriré… de amor.

Con la tortura eterna de mi ausencia, te diré lo que significas para mí. Y en el negro del cuero áspero verás las estrellas.

Y, con las manos esposadas, hallarás en esa luz celestial mi sonrisa. Toda para ti.

Nadie lo sabe. (B)Pero (D)esto (S)es (M)amor.

KDLevin