Yo llegué a pensar que el jardín de mi casa estaba maldito, pues la primavera fue hosca, seca y no tuvo colores para mí.
Lo regué con agua de manantial; con sudor de horas interminables de trabajo; con lágrimas de impaciencia.
Y nada.

Pensé que sólo vería retoños mi espíritu, el día que mi cuerpo inerte abonare los suelos.
Sin embargo, en mi corazón ha nacido un inesperado regocijo: han nacido prímulas. Bellas prímulas que han llenado mis ojos con el arco iris.
Y lavandas, para aromatizar mis despertares.
Y las rosas más elegantes; y peonías; y azucenas…

Llegué a temer que no volverían a mis oídos los zumbidos de abejas. Los colibrís.
Llegué a pensar…
Pero no, no es mi jardín estéril.

Ahora, un mensaje para quién quiera entender: a veces puede tardar en llegar la cosecha, pero no os preocupéis. Quizás como yo, el día menos pensado, os veréis llorando de alegría, entre los nuevos retoños de vuestro terreno.

KDLevin