No hay intimidad más honda que la de las cuatro paredes de la mente.
El eco de mis secretos, en ella, no corre peligro; resuena sin temor.
Mis pudores, mis deseos, mis miserias…
No hay privacidad más incorruptible
ni existe escondite más sagrado que éste, tras el sello de unos labios que sonríen,
mas no se abrirán.

KDLevin