La dignidad no te da de comer;

no es el colchón sobre el que te acostarás de noche ni el techo que verás sobre tu cabeza;

quizás tampoco sea lo que haga aparecer comida en la nevera o ropa en el armario.

Pero, ¿sabes qué? Es única y debería ser inviolable para cada persona.

Todos pasamos por malos momentos, épocas de tristeza e incertidumbre, pero si yo -con mis defectos y virtudes- me levanto cada mañana y voy con la cabeza alta, entonces tú también puedes.

Ánimo. No eres una alfombra como para dejar que nadie te pise. No lo permitas.

A la vida… y a luchar.

KDLevin