Qué raro es sentarse a la mesa cuando eres tú quien normalmente sirve a los demás.

El otro día entré al baño, en mi lugar de trabajo, y tanto el mal olor como la suciedad golpearon mis sentidos. Qué lástima que la gente se olvide tan fácilmente de valorar la labor de los demás. Me pregunto si en sus casas harán las mismas guarrerías con sus lavabos, siendo ellos quienes los tendrán que limpiar.

Como aquella vez que ese imbécil le tiró el separador de plástico a la cara a la pobre cajera, en el supermercado de mi barrio; eso sí: la mujer -toda una dama- aguantó el tipo hasta que sus compañeros la llevaron al almacen. Alguien, mientras tanto, aseguraba estar llamando a la policía.

Qué ‘rico’ es bajarse los pantalones estando ‘en el trono’ y orinar sobre ‘los súbditos’ cuando tienen sed, pero lo que no sabes es que a la tortilla se le ha de dar la vuelta. Entonces, cuando estés abajo y pretendas hacer lo mismo, no te quejes cuando te llenen el trasero de puntapiés.

En fin, es raro sentarse a la mesa cuando es uno quien la suele atender. Eso sí, con más razón aún seré amable con ese chico que se acerca para tomar nota de mi pedido.

KDLevin