Vivo

Serían poco más de las 6 cuando desperté. El silencio era maravilloso. El cielo lucía ese extraño color indefinido, que surge cuando ya no es de noche pero tampoco de día.
Estoy vivo“, pensé. Sentía algo de frío, pero me gustaba. Caminé unos pasos y me detuve. A lo lejos, el sol empezaba a despuntar, y un rayo dorado acarició mi rostro.
Estoy vivo“. La emoción se apoderó de mí; las lágrimas inundaron mis ojos y tuve que taparme la boca con las manos para reprimir un sollozo.
Cinco metro atrás yacía mi cuerpo. Los ojos en blanco; la piel seca; un trozo de cuerda en torno al bíceps y una aguja enterrada en el antebrazo.
Nunca me había sentido tan vivo como en ese momento. Tan libre.
Finalmente, dejé que las lágrimas corrieran y empecé a caminar hacia el sol.

KDLevin

5 pensamientos en “Vivo”

  1. Una alegoría brutal, porque al final no vive, muere.
    Crecí en un barrio obrero de la periferia de Madrid, A finales de los 70 y principios de los 80, este país avanza hacía una democracia robada durante 40 años por un dictadura que cerceno entre otras la libertad intelectual. Eran años de creación en cualquiera de las artes que podamos imaginar, Al mismo tiempo fueron llegando sustancias que en principio daban rienda suelta al ingenio. En aquel momento no sabíamos la trascendencia negativa que esas drogas podían tener.
    Volviendo a mi adolescencia y primera juventud, en mi barrio la gente se iba enganchando a ese mundo, mis amigos de infancia fueron atrapados en ese estúpido mundo de fantasías, sin ser conscientes de lo destructivo que era. Y empezamos a ver los jóvenes tirados por las calles con una jeringuilla colgando, o ir como zombis sin saber ni donde estaban. Una vez al preguntarle a una amiga por qué se metía esa mierda, solo supo decirme que cuando lo hacía se trasladaba a otra dimensión que era imposible explicar con palabras, que había que vivirlo. Yo nunca sentí la necesidad de probarlo y pude escapar de ello..Actualmente ninguno de mis amigos de esa niñez tan lejana vive para contarlo. Lo que sí puedo asegurar que ni ellos sabían ya lo que era estar vivo. Los que recuperaban la vida después de sus muertes eran aquellas personas, familiares, que habían vivido el calvario de esos escarceos con la otra dimensión. Pero la jeringa colgando en el brazo, tristemente solo les facilitó la muerte, y siempre era por sobredosis, no porque se metieran de mas si no porque esa última papelina quizá era un poco más pura que las anteriores.
    Dejo el enlace de una canción que refleja lo que una madre puede estar dispuesta a hacer ante ese infierno.

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