Mi Ruth particular

El primer amor… qué ridículo suena. Cursi. Pero dicen que nunca se supera del todo y me temo que debo asentir.
Tenía 14 años, unas flamantes tetas y un culo sin estrías y en su sitio. Sami, me llamaban, por Samanta. Qué tiempos aquéllos.

Tiempos que, lo crea una o no, dejan huella. Como ese día en clase de audiovisuales en que el profesor nos puso una película de la prehistoria (1971), llamada The Last Picture Show. Pero, ¡si hasta era en blanco y negro! Horror.

Sin embargo, de esa obra que sólo con el paso de los años he aprendido a valorar, saqué una conclusión muy clara: soy más de Ruth que de Jaby. Me hubiera gustado ser Timothy Bottoms para meterme en esa cama y secar sus lágrimas.
Mi amiga, Ana, era muy Jaby; guapa, caprichosa y volátil. Pero su madre… uf.

La verdad es que ahora, en mi madurez, miro atrás y me doy cuenta de que Ana y yo no teníamos mucho en común, pero me encantaba ir a su casa y ver un ratito a su madre, la sra. Clara, mi Ruth particular.
A mi pareja actual, Isa, pese a todos los años que llevamos juntas, no le gusta que hable del tema. Pero no puedo evitar que se me suban los colores.

De la sra. Clara me gustaba su aire de secretaria cansada; su olor a tabaco y a crema hidratante; lo bien que le quedaban las gafas de sol; esa voz grave y sibilante.
Recuerdo la última vez que la vi.

Ella y el padre de Ana se estaban divorciando y mi amiga quería irse a vivir con su padre. Tras una dura discusión que, para bien o para mal, tuve que presenciar (con portazo incluido) la sra. Clara no pudo reprimir las lágrimas.

No sé qué se apoderó de mí, pero, en lugar de seguir a Ana hasta su cuarto, me acerqué y le di un abrazo a la sra. Clara.

  • Sólo mereces lo mejor – le dije.

Ella me miró durante un largo rato y esbozó una leve sonrisa. Creí por un momento que me iba a derretir cuando de sus labios brotaron las siguientes palabras:

  • No te preocupes, cariño. No te preocupes.

Igual que Ruth en The Last Picture Show. Mi Ruth. Esa noche, al llegar a casa, me eché a llorar como una tonta.

Y al final… Ana se fue con su padre y la sra. Clara se marchó a otra ciudad.
Lo del primer amor sonará ridículo, pero es cierto que (al menos en mi caso) marca para siempre.

Sra. Clara, estés dónde estés, siempre te voy a amar. Le pese a quién le pese.

KDLevin

Un pensamiento en “Mi Ruth particular”

  1. El primer amor o la primera fascinación que sentimos es algo que no olvidamos. Esa atracción hacia alguien que nos hace sentir por primera vez cositas dentro. Y permanece en nuestro recuerdo.
    Un abrazo

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