I

Soy débil.
Otro en mi lugar hubiera acabado contigo. Te tuve en mis manos. Estuve a punto. Pero no pude.

II

La primera vez que te aferraste a mi mano sentí lástima. Me pareciste patético.
He rezado por encontrar a alguien como tú“, me dijiste. Sí. Lo sé. Escuché tus lamentos pueriles en la oscuridad de la noche.
Eres mi ángel“. ¿Ángel? Si sólo te hubieras imaginado…
Te sentías solo y yo, ‘casualmente’, aparecí en tu vida. Con un rostro agradable, una amplia sonrisa y una mano extendida. No pensaste en nada. Fue muy fácil empezar a absorber tu energía.

Cada vez me sentía más unido a ese plano terrenal, y tú te parecías cada día más a un desecho humano. Pálido, enfermizo.
No te extrañó que empezase a estar ahí, junto a ti, todo el tiempo. Que apareciese de la nada, en tu apartamento.
Creo que, si en algún momento descubriste lo que era yo en realidad, te dio igual. Te daba igual incluso que un parásito te estuviese robando la vida, con tal de no estar solo.

Estabas a pocos minutos de caer, pero con un hilillo de voz aún pudiste decirme: “Gracias… te quiero“.
¿Gracias? ¿Te quiero? Insensato. Imbécil. Inconsciente… no sé qué me ocurrió, pero, antes de darme cuenta, me había marchado.

Sé que con el paso del tiempo te has recuperado. Y sé que más de una noche te asomas al balcón y ‘rezas’ para encontrarme. Tranquilo. Ni yo ni ninguno de los míos acudirá a esa llamada. Me aseguraré de ello por siempre.

III

En el cielo nocturno, si te fijas, hay dos nuevos luceros. Rojos, como la sangre; como el fuego. Desde allí te observo. Desde donde habitan la desgracia eterna… y el doloroso anhelo de volver.

Soy débil.
Otro en mi lugar hubiera acabado contigo. Te tuve en mis manos. Estuve a punto. Pero no pude.

Supongo que yo también te quise… y te quiero.

KDLevin