Ya no muerdo sábanas. Tan sólo, a veces, me sorprendo con la mirada perdida, mordiéndome la piel del antebrazo. En la terraza de una casa que no es mía, solo, bajo un atardecer prestado.

Me quedé en cueros, con un hambre que jamás se saciará. Me dormí, para soñar otra vez con el pasado; me desperté y volví a dormirme; desperté y me obligué a cerrar los ojos, aunque ya no hubiese somnolencia.

Pienso en el tiempo, lleno o vacío; una línea de la que no se ven ni el principio ni el fin. ¿He bailado sobre esa cuerda tan fina? ¿Cuántas veces me tambaleé? ¿Cuántas hice el ridículo?

Estoy en cueros. Mírame la piel sucia. Mira cómo cojo esa guitarra, como si fuese algo hermoso, ajeno a mí, e intento hacerla sonar; la beso; me aferro a ella: “Sálvame, por favor“.

Al final del día, en medio de la soledad y de los ecos, me pregunto: “¿Soy un poeta?

Tengo que serlo. Necesito sentir que esta vida tiene un sentido.

KDLevin