Esta noche, como todas las anteriores, ensayaré mi muerte. Cerraré los ojos, daré la espalda al mundo y fluiré más allá de los confines de la materia.

Una vida en veinticuatro horas, con el recuerdo reciente de muchas otras pasadas, desde que la vida en sí despuntó.

¿Aprendí algo? ¿Enmendé algo? ¿Logré expiar la amargura, la frustración, la cobardía y la vileza? ¿Amé… de verdad, con hechos?

¿Aporté al mundo un puñado de textos que quizás nadie leerá? ¿Una estructura que, con suerte, aguantará en pie algunos siglos? ¿El eco de la risa que salió desde mi espíritu, sin más?

Una huella en la duna, que el viento borrará. Y una huella en un corazón ¿Habrá algo que la pueda difuminar? ¿Alguien que impida que pase de generación en generación, para que piensen en mí aquellos que ni siquiera me conocieron?

¿De qué ha servido todo? Ahí, en la respuesta, encuentro silencio, fe y una sabiduría tácita, que no requiere de palabras.

Esta noche me dispongo a ensayar una vez más mi muerte.

Mañana, si Dios quiere, volveré a nacer.

KDLevin