No sé conducir, pero piso a fondo el acelerador de esta máquina. Desde el asiento del copiloto me mira, sonriendo, James Dean. Me dice: “Acompáñame, hermano. Seremos ángeles que nunca llegaron a los treinta años“.

Tomo el sentido único hacia la inmensa oscuridad. Es mi destino.

KDLevin