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Colillas

Puedo ser cruel, despiadado, egoísta.

Puedo disparar, ver cómo exhalas el último aliento y no sentir nada. Marcharme, sin más, mientras te desangras.

Puedo ser un recipiente vacío, sin espíritu, sólo lleno de ponzoña. O ni siquiera de eso.

Mi corazón es estéril, sin duda. De él no puede brotar nada bueno.

Pero incluso la tierra seca, agrietada, puede arder aún más.

Así que ten cuidado con las colillas que tiras al suelo.

Por favor…

KDLevin

Necesidades

A más riqueza, nuevas necesidades.

Aprenderé a conducir para ir a ver la aurora, yendo yo al volante y de copiloto… ¿quién?
Trabajo para cumplir ese sueño.

Compraré un coche para olvidar el exterior desde el asiento trasero, mientras los cristales se empañan, en compañía de… ¿quién?
Trabajo para cumplir ese anhelo.

Tendré mi propio hogar, para quitarme las máscaras y desmaquillar las sonrisas cansadas, tomando una infusión en la terraza, observando la ciudad contaminada. Solo.
Trabajo para cumplir ese empeño.

Por lo pronto, tengo dinero para invitarte a un café y a una porción de tarta; a una hamburguesa; al cine; a una tarde de paseo. Pago para que no pienses; para intentar compensar el hecho de que no puedo darte más que lo que da el dinero; para que puedas tú, tal vez, perdonarme por ello.
Trabajo para lavar ésta, mi culpa… y tu desconsuelo.

KDLevin 

Aquella primera noche en el bosque

Hace pocos días fui de excursión al bosque con unos amigos y se nos hizo de noche. Siendo verano, afortunadamente no refrescó demasiado, pese a estar en plena naturaleza. Uno de ellos (el más cobardica) estaba de lo más inquieto, ya que le daba miedo pernoctar allí. Los demás se reían de él; yo sólo sonreía y miraba al suelo.

Bajo las estrellas, empezaron ellos a contar historias de miedo, de fantasmas. Bebimos algunas cervezas y al final se durmieron. Yo no podía pegar ojo. No podía. Nadie, ni mucho menos ellos, podían imaginar lo que aquel bosque y yo teníamos en común.

 


Ninguno de ellos sabía lo que fue para mí haberte sentido, pocos años atrás, entrando y saliendo de mi cuerpo, a un ritmo frenético, mientras las aves, las hormigas y los árboles nos observaban con distancia y respeto. El bosque nos guardó el secreto de aquella primera experiencia.

Aún me perturba recordar la visión de tu desnudez, tu aroma en mi nariz, tu lengua buscando la mía. Yo había ido a visitarte y… ocurrió. Perdimos la noción del tiempo. Nuestras ropas, mezcladas, quedaron echas un batiburrillo sobre la hierba. No había eco que devolviese mis gemidos, como un boomerang.

Ya no sé cuántos orgamos se elevaron al universo, en aquella primera noche en la que tampoco pegué ojo. Después de que me dieses la espalda y te fueses, me prometí deshacerme de los recuerdos, salvo por los de aquella vez.


 

Mis amigos dormían y una leve brisa llegó a mí desde las copas de los árboles, como si de un mensaje se tratase: “No dejes que se te escape esa lágrima rebelde. Yo guardo tu secreto, chiquillo. No guardes tú el dolor“.

Hacía tiempo que no venía al bosque, pero hoy por fin me sentí preparado para volver, y que el recuerdo de tu aliento en mi cuello no me partiese en dos. Supongo que al fin estoy superando aquella historia.

Debe de ser cierto eso que dicen sobre que el primer corte es el más profundo.

KDLevin

 

Mi fealdad interior

Siempre deseo lo que no tengo, pero a veces me alegra no haber tenido ciertas cosas.
Por ejemplo, aunque no te imaginarás cuánto lo he ansiado, me alegra no haberte tenido a ti. En mi cama. En mis brazos. En la palma de mi mano.
Sé lo que hubiese ocurrido después.

Sé que, pasado el éxtasis, me hubiese levantado, vestido y marchado de la habitación.
Sé que, si hubieses esperado algo más, te habría destrozado. Con tus lágrimas me habría lavado las manos.
Sé que no quieres ver más allá de esta sonrisa seductora y descubrir lo que es un falso cordero.

Es mejor para mí guardar las apariencias y para ti, no abandonar tu zona de confort.
Lo sé.

Siempre deseo lo que no tengo, pero me alegra no haber tenido ciertas cosas. A veces dudo, pero entonces me acuerdo de mi fealdad interior.

KDLevin

 

El hombre

El hombre no tiene tiempo para contemplaciones; para florituras.
Como dijo Maya Angelou, él siempre está en marcha, yendo a alguna parte, sabiendo algo.

El hombre, por supuesto, no tiene tiempo para superficialidades; para sutilezas.
Actúa y pasa página. Te ama un momento y se va. La vida no espera.

El hombre no tiene tiempo para reflexiones; para bucear en el sentimiento; para poesías.
Y hay que entenderlo.

El hombre se da cuenta de que el amor se fue, cuando ve que el armario está semivacío y la casa, demasiado silenciosa.
Y no pasa nada. No hay tiempo para lágrimas. A seguir adelante y a olvidar.

Maya Angelou dejó espacio a la duda respecto a si ella volvería a intentarlo. Yo, ni hablar.

KDLevin

 

Perdóname

Perdóname por la deshonestidad; por las mentiras.

Por tantos desplantes y malos gestos que pude haberte ahorrado.

Por todas las veces que te critiqué y juzgué, cuando tendría que haberme mirado al espejo; cuando qué sabía yo en verdad sobre ti, sobre lo que estabas pasando.

Perdóname por haber fingido ser alguien que no era. No me lo tengas en cuenta… me ha costado años llegar a saber quién soy (sigo en ello).

Perdóname porque, cuando me buscas, no sé qué decirte. Qué darte.

Asumo la responsabilidad de mis errores. Pero ahora déjame volar…

Y ojala no guardes de mí un mal recuerdo.

KDLevin

 

Anticipación

Anoche tuve una sensación extraña,
como de caminos que se van a separar (el tuyo y el mío).
Espero equivocarme.

Fue un presentimiento de que la vida sigue;
de que las personas se unen en determinadas circunstancias,
quizás durante un tiempo,
para luego distanciarse.
No lo sé.

Lo único que sé es que yo sigo y seguiré aquí,
gestionando mis historias,
resolviendo lo que toque en cada momento.
Aquí me encontrarás.

Lo que sé es que,
si esto en verdad ocurre,
no te retendré ni te seguiré.

Dios fue sabio al hacernos (a casi todos)
sin la capacidad de ver el porvenir;
sólo el presentirlo crea desasosiego.
Ya veremos…

KDLevin