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Mi blog cumple 2 años

Este mes, mi blog cumple dos años de existencia.
Nunca antes había mantenido un sitio web durante tanto tiempo. Respecto a éste, ha habido temporadas en las que he tenido más cosas que decir, pero creo haber sido más o menos constante desde que lo inauguré.

Estoy contento. Me gusta revisar los textos desde octubre de 2015 y ver los ‘claros’ y los ‘oscuros’ que conforman mi persona.
Doy gracias a la vida y a las normas que rigen el universo por haber hecho de mí alguien tan afortunado; alguien que ha podido vivir experiencias, equivocarse, disfrutar y crecer.

Hace poco, aquí en España, un muchachito de 20 años perdió la batalla ante la leucemia. Yo he llegado sanito a los 27.
Hay personas de mi edad que no tienen grandes perspectivas y subsisten como pueden. Yo, no obstante, he tenido opciones.
He estado rodeado, desde que nací, de una familia que me ha educado para ser un hombre libre, pensante y valiente.

Muchos días olvido todo esto, pero de vez en cuando me gusta reflexionar, para llenarme de gratitud y humildad.
Gracias.
Y gracias también a las personas que han leído y comentado mis escritos.

Un saludo.

KDLevin 

Aprender

Madrid, año 2096. 40 grados celsius a la 1:30 de la madrugada. Las mil luces de neón iluminan la Gran Vía. Yo lo observo todo desde el Hotel, en una calle transversal. Lo hago atento, pero sin excesivo interés. Tengo un café frío y mis cigarros baratos. No necesito más que el colchón, el aire acondicionado a tope y la luz azul, tenue, de esta habitación solitaria.
La noche está tranquila. No hemos recibido mucha clientela hasta ahora. Estos días la gente no tiene tiempo siquiera de acercarse al Hotel y comprar una ‘experiencia erótica’ de 30 minutos. Malditos Love Hotels… importados de… ¿Japón era? Quién sabe. Al menos tengo empleo fijo a mis 18. Mucho más de lo que muchos tienen.
En el curso de mi pensamiento mi mente recupera la idea del suicidio. Era un plan cada vez más definido y perfecto. Me había planteado incluso transmitirlo en directo por Twitter y que mi cadáver llegase a ser #TrendingTopic durante unos minutos, pero sabía que era un propósito fuera de mi alcance. Me conformaba con abrir mis venas, pintar el suelo bajo mis pies de rojo oscuro y largarme de este estercolero. Sin embargo, todo cambió hace dos semanas.

II

Un cliente nuevo, de aquí de Madrid -lo cual es muy poco frecuente- me contó que daba clases en una universidad online de poca monta. Al principio pensé: “¡Qué pesado! Me ha tocado uno de esos a los que les gusta hablar…“. Pero -y no sé aún porqué- de repente empezaron a interesarme las cosas que me explicaba.
Me habló de un Platón y de un hombre encadenado, dentro de una caverna oscura. Me habló de un Rousseau y de un niño llamado Emilio. De una tal Christina Rossetti; me recitó en inglés antiguo unas palabras suyas, con un significado que me hizo sentir… muchas cosas. Y yo que solía ufanarme de no tener sentimientos…
Lo mejor llegó cuando me dijo que podía ayudarme a preparar los exámenes de acceso y, posteriormente, incluso a conseguir una beca. No sé la causa, pero aquello me hizo muchísima ilusión. ¿Yo, estudiando algo? ¿¡En la universidad!? Lo nunca visto. Ahora, cada vez que viene al Hotel, espero impaciente a que me cuente más historias de personas que también dejaron una huella en este estercolero.

III

Es muy curioso, pero he pospuesto indefinidamente el plan del suicidio. Quizás suene cursi, pero me apetece vivir.
Ya veremos qué pasa el día de mañana. Por lo pronto, ya han dado las 2 y la temperatura fuera ha bajado a 39 grados. Parece que se aproxima un cliente.
Ojalá sea él. Tengo ganas de aprender.

KDLevin

La vuelta a la tortilla

Qué raro es sentarse a la mesa cuando eres tú quien normalmente sirve a los demás.

El otro día entré al baño, en mi lugar de trabajo, y tanto el mal olor como la suciedad golpearon mis sentidos. Qué lástima que la gente se olvide tan fácilmente de valorar la labor de los demás. Me pregunto si en sus casas harán las mismas guarrerías con sus lavabos, siendo ellos quienes los tendrán que limpiar.

Como aquella vez que ese imbécil le tiró el separador de plástico a la cara a la pobre cajera, en el supermercado de mi barrio; eso sí: la mujer -toda una dama- aguantó el tipo hasta que sus compañeros la llevaron al almacen. Alguien, mientras tanto, aseguraba estar llamando a la policía.

Qué ‘rico’ es bajarse los pantalones estando ‘en el trono’ y orinar sobre ‘los súbditos’ cuando tienen sed, pero lo que no sabes es que a la tortilla se le ha de dar la vuelta. Entonces, cuando estés abajo y pretendas hacer lo mismo, no te quejes cuando te llenen el trasero de puntapiés.

En fin, es raro sentarse a la mesa cuando es uno quien la suele atender. Eso sí, con más razón aún seré amable con ese chico que se acerca para tomar nota de mi pedido.

KDLevin

Para una víctima de bullying

Cuando tenía once años -cursaba yo sexto de primaria- casi la totalidad de mis compañeros de clase pasó más de seis meses seguidos llamándome ‘maricón’, ‘chupapollas’ y otras cosas así cada día; agarrándome por el cuello y haciéndome bajar la cabeza a la fuerza hasta la altura de sus entrepiernas; riéndose de mí.

Salvo por algún caso aislado en el pasado, nunca antes me había enfrentado a una situación como ésa. Yo fui un niño muy tímido, muy formal y sensible que nunca había aprendido a defenderse, porque siempre estuvo rodeado de amor y ternura. Nunca me había hecho falta ‘espabilar’ ni aprender a ‘sobrevivir’ entre los demás niños.

Recuerdo algunos recreos en los que fingí que me dolía el estómago para no tener que salir al patio y enfrentarme a ellos; recuerdo la sensación de angustia y las ganas de llorar de los domingos por la tarde; recuerdo aquel día que me harté y me pegué con uno de ellos. Aquel día llegué a casa con un raspón en la cabeza y varios moratones en las piernas.

Al no saber defenderme, lo que inconscientemente hice fue tomarme a mí mismo y enterrarme a muchos metros bajo tierra, en mi interior. No sé si entenderás lo que digo. Para impedir que destruyesen mi esencia, la encerré muy al fondo de mi ser y me ha costado muchos años volver a sacarla.

Pero, ¿sabes qué? Aquí estoy. Es cierto que durante los dos o tres primeros años de secundaria hubo también quien se metía conmigo, pero poco a poco tuve la suerte de ir encontrando algunos amigos que me apreciaban por como era yo. Logré salir adelante e incluso conocí a otros que habían pasado por algo similar a lo mío.

Nunca le dije nada a mis padres durante aquella época; nunca a mis profesores. Fue un error. Es cierto que el miedo a uno lo paraliza y, además, cuesta pedir ayuda. Pero, por favor, si lees esto y estás pasando por algo parecido, háblalo, pide ayuda a la gente de tu entorno cercano, a los que te quieren.

En el plano personal, es una experiencia dura y difícil. A mí, por lo menos, no me pegaban porque sí ni llegaron a orinarse sobre mi abrigo ni muchas otras barbaridades que sí le han hecho a otros. Pero, con el tiempo, esa experiencia se convierte en un bagaje de conocimientos con el que incluso puedes ayudar a algunos.

Siempre hay que tener fe. Con ‘fe’ no hablo de religión, sino del hecho de que en la vida todo lo malo que te hacen lo tendrán que pagar tarde o temprano, de una forma u otra. Todo tiene un por qué en el universo, aunque a veces uno no lo pueda comprender. Todo lo que ocurre en esta vida tiene una razón.

Por favor, nunca te plantees el suicidio. Tu vida es un regalo maravilloso que nada ni nadie puede hacerte pensar en cortarla de raíz. Nadie es mejor que nadie y, aunque es cierto que los niños son muy crueles, no puedes dejar que esa crueldad venza a tu fortaleza mental y espiritual, que es muy superior a lo que piensas.

Háblalo, pide ayuda y, ante todo, confía en todo lo bueno que hay dentro de ti. Todas esas cosas buenas iluminarán el camino que has de seguir para salir adelante con éxito. Ten fe en ti mismo. Eres fuerte, eres un ser valioso y nadie puede contigo.

Yo actualmente tengo 25 años y doy gracias cada día por esta vida que tengo. Todo lo que he vivido hasta ahora me ha enseñado algo, aunque me haya costado mucho tiempo verlo así.

Tú puedes y, de hecho, lo conseguirás. Nunca pierdas la esperanza.

Con cariño,

KDLevin