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Se acabó el miedo

Sé quién soy.
Tengo mis responsabilidades asumidas.
Tengo disciplina para el día a día.
Ante el porvenir, mi boca esboza una sonrisa.
No necesito ir de… ni demostrar qué… porque los actos son mi otra lengua materna;
con ellos hablo de mí; de dónde vengo, qué tipo de persona quiero llegar a ser.

Sé quién soy.
En un cruce de caminos algo en mí me dice: “es por ahí“. Y confío.
Atravieso el pantano sin que el barro me salpique;
el desierto, sin que la sed me desquicie.
Tengo las cuentas claras, nada que ocultar,
todo por vivir.

Sé quién soy.
Se acabó el miedo.

KDLevin

Colillas

Puedo ser cruel, despiadado, egoísta.

Puedo disparar, ver cómo exhalas el último aliento y no sentir nada. Marcharme, sin más, mientras te desangras.

Puedo ser un recipiente vacío, sin espíritu, sólo lleno de ponzoña. O ni siquiera de eso.

Mi corazón es estéril, sin duda. De él no puede brotar nada bueno.

Pero incluso la tierra seca, agrietada, puede arder aún más.

Así que ten cuidado con las colillas que tiras al suelo.

Por favor…

KDLevin

Soy

Qué esconder…
Por qué avergonzarme de aquello que me hace humano; que me hace ser quien soy.
Lo que fui, por dónde caminé, en qué tramos tropecé.
Por qué esconder las inseguridades del eterno niño que se adentra en el salvaje mundo de los adultos.
Por qué ocultar el miedo que siento, cuando observo ese abismo abstracto llamado futuro.
Soy sensible; vulnerable. Tengo muchos defectos.
Pero porqué guardar del mundo lo que soy. ¿Para protegerme?

Si el mundo embiste, que se parta los cuernos contra mí.
Soy lo que soy, pero nada podrá conmigo.

KDLevin

Montado en la bestia

Yo fui un niño con miedo a todo. Un adolescente con ansiedad constante.

Sigo teniendo miedos y ansiedades hoy, pero siento que soy capaz de mirar a los ojos a los problemas y lanzarme a ellos con los puños en alto.

A mí, como a todos, me da miedo enfrentarme. Pero lo hago y lo disfruto. ¿Por qué? Porque una vez oí: “La mierda siempre acaba saliendo“. Y yo añado: “Mejor que salga cuanto antes“.

Hay una bestia dentro de mí que me ha aterrorizado durante años, pero, ¿sabéis?, estoy empezando a domesticarla.

Estoy aprendiendo no a huir de ella, sino a montar en su lomo, ponerle una rienda y dirigirla como debe ser.

La vida no siempre es fácil, pero yo elijo enfrentarla, sin rodeos.

KDLevin 

Pajarillo

Echemos a volar, pajarillo.

Alabas mi “generosidad”,
cuando te invito a salir del nido,
sin echar la vista atrás.
Aventúrate al mundo, que yo me quedo aquí,
con el eterno desastre en mi cabeza,
con el miedo que no deja de seguir
a esta persona que vive sin certezas;
que vive sin pensar,
yendo de coches en camas,
volviendo a empezar,
para compensar tu marcha.
No sé si en realidad no quiero que te quedes,
para evitar que te hundas conmigo en el caos.
Tú no sabes lo que es esta sensación de fin;
de que estoy perdido, siempre al filo del barranco.
Llámalo “generosidad” o como quieras, pajarillo,
pero ya es hora de que busques algo mejor
en otro nido.

KDLevin

Mañana

‘Mañana’ es mi palabra favorita.

Procrastinar es un don.

Mañana haré, mañana cambiaré.

Y se me olvida que mañana no existe.

Me paraliza el miedo: “¿Qué pasará mañana?

Digo: “Hoy, la última vez; mañana lo dejo

Mañana no existe, aunque la vida parezca eterna.

Planes, miedos, incertidumbre.

Mañana seré…

Y mañana mi hoy será un ayer perdido.

KDLevin

 

Porqué

  • Por favor…

 


 

Linda era una chica fuera de lo común; se notaba al poco de hablar con ella. Sin embargo, nos hicimos amigos suyos en poco tiempo. Nosotros, que habíamos hecho grupo desde el jardín de infancia, llevábamos una vida algo monótona y, por ello, estábamos abiertos a un toque de diferenciación.
La habitación de Linda era, eso sí, de lo más tétrico; olía a incienso raro, como de claustro, y siempre mantenía una vela encendida. Aun recuerdo aquella tarde que nos dijo que podía comunicarse con los muertos. Todos nos reímos, pero en el fondo sentí un no-sé-qué que me dejó descolocado…

  • Una vez sentí miedo de verdad -nos confesó en voz baja- volaron las cartas de la mesa, pese a que la ventana estaba cerrada y no soplaba el viento, y sentí que una voz me decía desde atrás: “Déjalo, niña… o lo lamentarás“.

Al principio a todos nos daba cierto morbo y nos hacía gracia el vínculo de Linda con el ocultismo, pero poco a poco nos dimos cuenta de que algo no iba bien.
La chica tenía una verdadera obsesión; leía libros sobre espiritismo, tenía distintas barajas de tarot, decía que estaba aprendiendo a leer las palmas de las manos…
No fue, no obstante, hasta una noche en que su padre no estaba en casa que todo se descontroló.
Al ver el tablero no debí sorprenderme, teniendo en cuenta las ‘aficiones’ de nuestra nueva amiga, pero me sentí inquieto. Y Linda parecía especialmente nerviosa.
Conformamos un círculo, en torno al tablero, y todos, apoyando cada uno una mano en el triángulo, guardamos silencio. Entonces Linda habló: “Si hay alguien que pueda oírnos, que se manifieste“.
Nada. Dos colegas se echaron a reir, pero Linda, visiblemente intranquila, les mandó a callar.

Si hay algún espíritu que pueda oirnos, por favor… manifiéstate
De repente el triángulo se movió. No hubo risas, todos nos quedamos de piedra.
No apartéis la mano del triángulo“, nos ordenó Linda.
Mamá, ¿eres tú?
Todos observamos a Linda, que había empezado a temblar.
¿Quién eres?
Una sensación desagradable se apoderó de la habitación.
No quiero hablar contigo, quiero hablar con mi madre… ¡Mamá, mamá, por favor, contéstame!
¡Me voy a casa!“, dijo Lucía, que ya se había puesto en pie de un salto.
¡No rompáis el círculo!“, le gritó Linda, desquiciada. “¡Mamá!
El triángulo empezó a moverse rápido, yendo de una letra a otra. Lucía empezó a llorar y Jaime gritó, “¡Linda, para esto!
¡Quiero hablar con mi madre! ¡Déjame en paz!
Entonces, aun no sé cómo, el tablero salió disparado contra la pared. Todos gritamos y salimos corriendo. Sin embargo, antes de abandonar la habitación miré hacia atrás. Linda se tapaba la cara con ambas manos, sollozando.

  • Por favor… mamá, ¿por qué me dejaste?

 


 

Aquella fue la última vez que la vimos. No volvió al instituto y, al poco tiempo, nos enteramos de que su padre y ella se habían ido de la ciudad. Corrieron todo tipo de rumores y, finalmente, descubrimos que hacía dos años que la madre de Linda se había suicidado de una sobredosis.
Han pasado cinco años desde entonces y, si recuerdo el suceso, es más con tristeza que con miedo. Ahora entiendo que lo único que Linda quería era comunicarse con su madre y preguntarle, desde su desesperación, porqué.
Aunque he de reconocer que la imagen de aquel tablero de ouija, estrellándose por sí solo contra la pared, sigue volviendo a mí en mis pesadillas.

Y me llena de pavor.

KDLevin