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Un precio

Padre, ya he recogido mis cosas y me dirijo a la salida; sé que es el precio a pagar tras morder la manzana.

Perdóname, Padre, de verdad, por no haber sido capaz de resistir la tentación y quedarme en el Edén según tus planes.

Tú, que lees mi mente y mi corazón, sabes que no puedo tomar un rumbo que no sea el mío; lamento la naturaleza rebelde de este polvo que me conforma, pero soy así.

Quiero creer que, pese a que no soy lo que tú quieres, no me abandonarás; que seguirás velando por mí, incluso allá fuera.

No puedo sino seguirme a mí mismo, Padre, vaya dónde vaya.
Ojalá tu luz ilumine mis pasos ahora y siempre.

KDLevin

Deja ir

Puedo vivir estancado en reproches a ti, a mí mismo. Asfixiado en la amargura, como un vagón del metro en hora punta que no avanza, sino que se queda parado en medio del túnel. Puedo vivir odiándote, odiándome; mirando al pasado con rabia, tristeza, ansias de volver y ‘corregir’ ciertas cosas.
O puedo vivir aceptando que es inútil; asumiendo; perdonando. Perdonándome. Mirando en torno a mí; mirando hacia adelante.
Qué fácil es decir: “Deja ir“. Qué complicado es practicarlo.
Pero el día de hoy no se repetirá, cuando se acabe, y los resentimientos me roban la energía, como pequeñas sanguijuelas dentro de mí. Llevan haciéndolo ya mucho tiempo.
Sólo quiero vivir. Sentir que esta vida es mía. Aspirar a ser feliz.

KDLevin

Rocío

Si alguna vez el destino nos volviese a reunir,
te diría: “¡Cuánto lo siento!”.
Si a nuestras vidas les diera por volver a coincidir,
te daría ese beso…

Ese beso que una vez me dijiste: “No me des,
o ya nunca podré vivir sin él”.
Qué tonto fui,
que sólo me di cuenta de lo que perdí,
cuando ya te habías ido…

Rocío,
pienso en ti,
con tantas cosas por decir,
que pierdo el juicio.

Qué afortunado aquel,
que junto a ti ahora esté
y reciba tu cariño.

Perdóname la inmadurez,
ojalá que me recuerdes
sin hastío.

Alguna vez, si existe Dios, compensaré
lo que en su día eché al vacío.

KDLevin

Misericordia

Él lo hizo entonces, para que no lo haga yo hoy.

Sabía lo que iba a ocurrir; algo en su interior se lo decía. Y aun así aceptó los clavos, las espinas, la lanza, los insultos… los corazones rotos de quienes lo acompañaron hasta el final.

Él lo hizo entonces, para que no lo haga yo ahora.

Sentó un ejemplo de amor, de consuelo, de concordia. No dejó que nadie vejase a la mujer de vida alegre; no dio la espalda al enfermo, al desesperado, al perdido; prestó su abrazo a todo ser hambriento de cariño.

Él lo hizo entonces, para que yo aprenda hoy.

Más allá de los siglos de la historia, de las múltiples interpretaciones que se han hecho de sus palabras; más allá de la distancia, veo en mi mente una sonrisa y escucho la voz cálida: “Perdona. Perdónate“.

Yo sangré ayer, para que tú no lo hagas hoy. Yo enseñé ayer, para que tú lo asimiles hoy. Yo sufrí ayer, para que tú lo entiendas ahora. No esperes tú el clavo, la espina o la lanza; no seas el verdugo. La misericordia empieza en ti, para ti, desde ti“.

Él ha vuelto hoy a mí, para ayudarme a recordar esto.

Gracias.

KDLevin 

Perdóname

Perdóname por la deshonestidad; por las mentiras.

Por tantos desplantes y malos gestos que pude haberte ahorrado.

Por todas las veces que te critiqué y juzgué, cuando tendría que haberme mirado al espejo; cuando qué sabía yo en verdad sobre ti, sobre lo que estabas pasando.

Perdóname por haber fingido ser alguien que no era. No me lo tengas en cuenta… me ha costado años llegar a saber quién soy (sigo en ello).

Perdóname porque, cuando me buscas, no sé qué decirte. Qué darte.

Asumo la responsabilidad de mis errores. Pero ahora déjame volar…

Y ojala no guardes de mí un mal recuerdo.

KDLevin