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“Mi mente es una jungla salvaje”

Inspira

No hay buenos ni malos,
sólo hay seres humanos.
No hay mentira ni verdad,
sino momentos que aprovechamos.
Si estás dormido,
métete en la ducha, bajo el agua fría.
Si eres tímido,
métete en la multitud. Como un espía
observa, escucha, date cuenta;
descubre la de cosas que tu mente se inventa.
Enfréntate a ti, no hay más guerras.
No hay más tierra que cultivar,
que tu propio jardín.
No hay más tiempo que perder
que el que tú elijas perder.
Pero, ante todo, sé consciente.
Sé consecuente.
No hay marcha atrás,
no hay culpas que extrapolar
ni reproches que lanzar.
No eres bueno ni malo,
eres tú.

Espira.

KDLevin

La semilla del rencor

A veces me pregunto por qué nos empeñamos en guardarnos las cosas. Precisamente, hace años escuché a alguien decir: “la mierda siempre acaba saliendo, por algún sitio“. Y es verdad.

Me cansa lo poco que le gusta a la gente, en general, el enfrentamiento. ¿No nos damos cuenta de que lo mejor es plantar cara a las situaciones y coger el toro por los cuernos cuanto antes?

No quiero hacerle daño…”

No querría perderte…”

Yo digo: “Al carajo“.

Porque, ¿sabéis? Creo que es preferible sacarlo todo y quedarse limpio, antes que guardárselo y que se vaya pudriendo dentro de uno, pues es ésa, sin duda, la semilla del rencor.

KDLevin

Fe

Qué difícil es tener fe.
Siendo un ser humano limitado por los sentidos, qué difícil es ir a ciegas, tanteando, comprobando cada camino. Ensayo y error.
En esa oscuridad desesperamos y dejamos de oír una vocecita que viene de algún sitio en nuestro interior. Una pequeña luz.
Qué difícil es aceptar que uno no puede tener el control de todo (no puede tenerlo de casi nada) y que, por tanto, hay que dejar fluir las cosas por sí solas.
Respirar hondo, pensar: “No sé a dónde va esto, pero seguiré adelante con la mejor actitud y el resto… que evolucione como deba“. Es difícil, pero precisamente en eso consiste la fe; en soltarlo y dejarlo en manos de algo que muchos llaman (llamamos) ‘Dios’.
El resto sospecho que es cuestión de actitud. Y yo, aunque no sé nada de la vida o su propósito, he decidido seguir la regla de oro:

No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti

KDLevin

 

Y tú, ¿Qué aportas?

Los que somos creyentes -y los que no, también- constantemente pedimos cosas a nuestro(s) Dios(es), ya sea consciente o inconscientemente:

Quiero un trabajo estable con un buen salario
Quiero una casa bonita con terraza, piscina y aire acondicionado en verano
Quiero un coche
Quiero un seguro privado

Quiero… quiero… quiero…

Si no lo conseguimos -e, incluso, consiguiéndolo- nos ofuscamos; siempre queremos más y más y más…
Nos cruzamos de brazos, ponemos morros y nos dedicamos a bombardear el ambiente con nuestras quejas:

La vida es una mierda
Puta vida, puta suerte
Qué asco de vida y de mundo

Negativo… negativo… todo negativo…

La cuestión es: y uno, ¿Qué aporta? Vivimos pidiendo y esperando que la vida nos dé las oportunidades que ansiamos, pero ¿qué aportamos nosotros en el día a día al mundo? ¿Acaso cedemos nosotros nuestro granito de arena? No lo tengo yo nada claro (y, por supuesto, me incluyo).
Creo que cada día podría uno preguntarse, ¿qué estoy aportando? ¿Qué puedo aportar? Y, tal vez, las cosas empiecen a fluirle a uno en la vida, el día en que comience uno a ver un poquito más allá de su nariz.

Pedimos y pedimos; esperamos y esperamos. Pero, mientras tanto, tú, ¿qué aportas?

KDLevin