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Aprender

Madrid, año 2096. 40 grados celsius a la 1:30 de la madrugada. Las mil luces de neón iluminan la Gran Vía. Yo lo observo todo desde el Hotel, en una calle transversal. Lo hago atento, pero sin excesivo interés. Tengo un café frío y mis cigarros baratos. No necesito más que el colchón, el aire acondicionado a tope y la luz azul, tenue, de esta habitación solitaria.
La noche está tranquila. No hemos recibido mucha clientela hasta ahora. Estos días la gente no tiene tiempo siquiera de acercarse al Hotel y comprar una ‘experiencia erótica’ de 30 minutos. Malditos Love Hotels… importados de… ¿Japón era? Quién sabe. Al menos tengo empleo fijo a mis 18. Mucho más de lo que muchos tienen.
En el curso de mi pensamiento mi mente recupera la idea del suicidio. Era un plan cada vez más definido y perfecto. Me había planteado incluso transmitirlo en directo por Twitter y que mi cadáver llegase a ser #TrendingTopic durante unos minutos, pero sabía que era un propósito fuera de mi alcance. Me conformaba con abrir mis venas, pintar el suelo bajo mis pies de rojo oscuro y largarme de este estercolero. Sin embargo, todo cambió hace dos semanas.

II

Un cliente nuevo, de aquí de Madrid -lo cual es muy poco frecuente- me contó que daba clases en una universidad online de poca monta. Al principio pensé: “¡Qué pesado! Me ha tocado uno de esos a los que les gusta hablar…“. Pero -y no sé aún porqué- de repente empezaron a interesarme las cosas que me explicaba.
Me habló de un Platón y de un hombre encadenado, dentro de una caverna oscura. Me habló de un Rousseau y de un niño llamado Emilio. De una tal Christina Rossetti; me recitó en inglés antiguo unas palabras suyas, con un significado que me hizo sentir… muchas cosas. Y yo que solía ufanarme de no tener sentimientos…
Lo mejor llegó cuando me dijo que podía ayudarme a preparar los exámenes de acceso y, posteriormente, incluso a conseguir una beca. No sé la causa, pero aquello me hizo muchísima ilusión. ¿Yo, estudiando algo? ¿¡En la universidad!? Lo nunca visto. Ahora, cada vez que viene al Hotel, espero impaciente a que me cuente más historias de personas que también dejaron una huella en este estercolero.

III

Es muy curioso, pero he pospuesto indefinidamente el plan del suicidio. Quizás suene cursi, pero me apetece vivir.
Ya veremos qué pasa el día de mañana. Por lo pronto, ya han dado las 2 y la temperatura fuera ha bajado a 39 grados. Parece que se aproxima un cliente.
Ojalá sea él. Tengo ganas de aprender.

KDLevin

Demonios

Ya no sé cómo vivir, David. Lo que hiciste ha sido la venganza perfecta, porque ya no sé cómo seguir adelante.

Una vez leí que los demonios en realidad son espíritus atrapados en una especie de limbo solitario, por toda la eternidad; condenados a la reflexión, a pensar una y otra vez en lo que hicieron. ¿Redención? Imposible. Lo hecho, hecho está.

En mi antigua vida nunca imaginé que yo pudiera ser así. Siempre fui guapo y popular. Superficial. Vacío. Ahora no puedo mirarme al espejo. Me cuesta levantarme por las mañanas. Me cuesta todo, en realidad.

David, ha pasado un año ya. Quise perder la cabeza y que me internasen, pero no lo conseguí. Confesé lo que había pasado, para ir a la cárcel y que me matasen los internos, pero no lo logré. Intenté hacer lo que hiciste tú, pero sigo aquí.

No he muerto, pero estoy ya en ese limbo sobre el que leí. Sin sueños, sin futuro, sin posibilidad de enmendar el daño.
Joder… nunca pensé en nada.

Cada vez que te humillaba en público; cuando te pisoteaba y te trataba como a un cenicero humano, regodeándome en la crueldad… nunca vi mucho más allá de aquellos actos.

Por eso, cuando supe que te habían encontrado sin color, rígido, sobre la cama, con el frasco de pastillas en el suelo, no supe… no sé… no supe bien cómo reaccionar.

Lo siento tanto, David. Lo siento tantísimo. Voy a pasar la eternidad en este infierno y ojalá eso compensase lo que te hice. Ojalá pudieses volver. Te garantizo que, desde el fuego, te miraría sonriendo.

Pero supongo que ése es el sino de los seres como yo: vivir con lo que hemos hecho, para siempre. Punto.
Ojalá puedas perdonarme. Ojalá pueda yo perdonarme algún día.

KDLevin

Fin.

I will, I will, I will, I will, I will pray to Lord…

Dolor intenso, punzante. El corazón se desbocó. Un sudor frío recorrió el cuerpo.

But I, when I, when I, when I will cross the sea, alone…

Cada vez duele menos. La confusión cede ante una paz extraña. Lucidez.

When the Lord has been crying for me… 

Algo pasa. Empiezo a desconectar. No hay vuelta atrás.

But I, when I, when I, when I will dream this dream again… 

Desenfocado. Ya no siento el corte. Nada.

Is my Lord really crying…

Alguien se acerca, sonríe… me resulta tan familiar…

‘cause I can’t take this blame on me now. 

Se acabó.

KDLevin

Para una víctima de bullying

Cuando tenía once años -cursaba yo sexto de primaria- casi la totalidad de mis compañeros de clase pasó más de seis meses seguidos llamándome ‘maricón’, ‘chupapollas’ y otras cosas así cada día; agarrándome por el cuello y haciéndome bajar la cabeza a la fuerza hasta la altura de sus entrepiernas; riéndose de mí.

Salvo por algún caso aislado en el pasado, nunca antes me había enfrentado a una situación como ésa. Yo fui un niño muy tímido, muy formal y sensible que nunca había aprendido a defenderse, porque siempre estuvo rodeado de amor y ternura. Nunca me había hecho falta ‘espabilar’ ni aprender a ‘sobrevivir’ entre los demás niños.

Recuerdo algunos recreos en los que fingí que me dolía el estómago para no tener que salir al patio y enfrentarme a ellos; recuerdo la sensación de angustia y las ganas de llorar de los domingos por la tarde; recuerdo aquel día que me harté y me pegué con uno de ellos. Aquel día llegué a casa con un raspón en la cabeza y varios moratones en las piernas.

Al no saber defenderme, lo que inconscientemente hice fue tomarme a mí mismo y enterrarme a muchos metros bajo tierra, en mi interior. No sé si entenderás lo que digo. Para impedir que destruyesen mi esencia, la encerré muy al fondo de mi ser y me ha costado muchos años volver a sacarla.

Pero, ¿sabes qué? Aquí estoy. Es cierto que durante los dos o tres primeros años de secundaria hubo también quien se metía conmigo, pero poco a poco tuve la suerte de ir encontrando algunos amigos que me apreciaban por como era yo. Logré salir adelante e incluso conocí a otros que habían pasado por algo similar a lo mío.

Nunca le dije nada a mis padres durante aquella época; nunca a mis profesores. Fue un error. Es cierto que el miedo a uno lo paraliza y, además, cuesta pedir ayuda. Pero, por favor, si lees esto y estás pasando por algo parecido, háblalo, pide ayuda a la gente de tu entorno cercano, a los que te quieren.

En el plano personal, es una experiencia dura y difícil. A mí, por lo menos, no me pegaban porque sí ni llegaron a orinarse sobre mi abrigo ni muchas otras barbaridades que sí le han hecho a otros. Pero, con el tiempo, esa experiencia se convierte en un bagaje de conocimientos con el que incluso puedes ayudar a algunos.

Siempre hay que tener fe. Con ‘fe’ no hablo de religión, sino del hecho de que en la vida todo lo malo que te hacen lo tendrán que pagar tarde o temprano, de una forma u otra. Todo tiene un por qué en el universo, aunque a veces uno no lo pueda comprender. Todo lo que ocurre en esta vida tiene una razón.

Por favor, nunca te plantees el suicidio. Tu vida es un regalo maravilloso que nada ni nadie puede hacerte pensar en cortarla de raíz. Nadie es mejor que nadie y, aunque es cierto que los niños son muy crueles, no puedes dejar que esa crueldad venza a tu fortaleza mental y espiritual, que es muy superior a lo que piensas.

Háblalo, pide ayuda y, ante todo, confía en todo lo bueno que hay dentro de ti. Todas esas cosas buenas iluminarán el camino que has de seguir para salir adelante con éxito. Ten fe en ti mismo. Eres fuerte, eres un ser valioso y nadie puede contigo.

Yo actualmente tengo 25 años y doy gracias cada día por esta vida que tengo. Todo lo que he vivido hasta ahora me ha enseñado algo, aunque me haya costado mucho tiempo verlo así.

Tú puedes y, de hecho, lo conseguirás. Nunca pierdas la esperanza.

Con cariño,

KDLevin