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La paz es fácil

Hacer la paz es fácil. Dejar que fluyan las opiniones y los pensamientos, esparcidos por el aire alrededor. Caminar y dejar que los demás lo hagan también. Intervenir, si te lo piden. Si no, dejar ser. Dejarse ser. Escuchar los sonidos de la tierra, desde el silencio del espíritu; el manantial es una sinfonía. Sentir el sol en la piel. Ser uno con el equilibrio del universo. Aceptar. Disfrutar, sin miedo.
La paz es mucho más sencilla de practicar de lo que se cree, aunque casi siempre tendamos al otro extremo.

KDLevin

La gente solitaria

Señor,
adónde irán los lamentos de la gente solitaria;
el dolor de tantas personas en este mundo, hambrientas de cariño.

La tristeza que no se expresa en voz alta ni se materializa en lágrimas,
sino que vive oculta en el interior de tantos corazones por doquier.

¿Te rezan a ti, señor?
¿Pactan con el diablo?

Cada vez más habitantes hay en la tierra y cada vez hay más soledad.

Señor,
tú, que nos observas desde alguna parte del universo,
¿le ves a esto alguna solución?

Hoy me dirijo a ti, Padre, para que prestes algo de solaz a tanto desconsuelo.
Por favor.

KDLevin

Locura

Repítelo. Vuelve atrás y recorre el camino de nuevo. Espera a la noche para destejer y recomenzar mañana, como Penélope.

Y reza. Practica los rituales, los sacrificios en honor a la materia oscura del universo, escuchando el eco de tus oraciones absurdas en el silencio mortal.

Vuelve atrás. Vuelve a intentarlo. Una y otra vez. El ciclo sin fin del yo-yo. Del pez que da vueltas en la pecera, creyendo que cada una es distinta a la anterior.

Vuelve atrás. Empieza de nuevo. Ignora la humedad que a veces derraman tus ojos, sin razón aparente. Acalla esa maldita voz interior. Mátala… ¡Mátala, joder!

Llénate la boca de barro y grita como un cerdo, asustando a los propios cerdos. Ensúciate esas manos e intenta clavar la cabeza en el suelo.

Repítelo. Busca otro resultado. Repítelo. Suelta una carcajada. Repítelo, hijo de puta. Pégate en la cara. Repítelo, cabrón. Tírate del pelo, lánzate contra esa pared…

Ahora, sin fuerzas, respira; mira ese cielo tan azul por la ventana (¡Qué bonito!) el cielo de la gente normal. Olvídate de todo. Evádete. Abandónate.

Repítelo… hasta que acabes con todo.

Repite. Sin fin.

KDLevin

Oración de los perdidos

¿Podría yo clamar a ti, desde este lugar ajeno al sol?
¿Podrías tú mirar mi cara sucia, mis manos negras y mis rodillas magulladas?
¿No me darías la espalda, si no me la has dado ya?
¿Podrías ofrecerme tu mano, desde el otro confín del universo?
Desde allá, donde, junto a ti, habitan los puros y los rectos.

A mí, que hice de mi lengua una serpiente ondulante,
para recibir en ella la ardiente descarga de tu hijo descarriado.
A mí, que blasfemé, bailando en torno a él,
desnudo, con los ojos desorbitados; obsceno, trastornado.
A mí, que he escondido la maldad tras ésta, mi imagen de ángel.
A mí, que soy consciente de todo cuanto ahora expreso…
¿Podrías no abandonarme?
¿Acaso hay sitio en tu corazón para los que son como yo?
¿Para las bestias y las alimañas?

A ti, que moras allá, tan lejos de mi cloaca, te ruego:
hazme sentir que aún hay tiempo para la redención.

KDLevin

Silencio

En el silencio,
cuando los ojos observan sin distracción,
cuando el cuerpo se mueve sin dubitación,
todo se aclara
y ocurren milagros;
empieza la magia.

Apuesta por el silencio para escuchar
los sonidos maravillosos del universo,
los mensajes del espíritu,
ignorados durante tanto tiempo.

Apuesta por el silencio para hallar la paz,
sanar tus heridas,
y hacer lo que debas.

Y, como ya dijo una vez un hombre,
no lo rompas, a menos que lo que vayas a decir
sea realmente importante… y hermoso.

KDLevin